miércoles, 10 de agosto de 2016

Politicos semejantes a sapos y anguilas

Federico-Henríquez-Gratereaux

Existen sapos de todos los colores imaginables; algunos son venenosos. Un simple contacto con estos batracios puede causar la muerte. De otros sapos más “benignos” se dice que causan irritaciones en la piel. En Santo Domingo mucha gente cree que la orina del sapo común produce verrugas. Los sapos saltan de un lugar a otro con suma agilidad; son “especialistas” en trasladarse rápida o repentinamente. Todas estas características les acercan a los políticos dominicanos, excepto en el asunto de la cola. Los sapos son llamados anuros porque carecen de colas. En cambio, los políticos dominicanos, por regla general, tienen “colas” que los contrincantes se apresuran a pisarles.
Las anguilas son otros animales que se parecen a los políticos dominicanos. Se escurren por cañadas y fangales con enorme velocidad. Las anguilas eléctricas son capaces de electrocutar a un cocodrilo. Una sola descarga de anguila pone fuera de combate a un agresor. Los políticos que no son anuros, esto es, los que tienen “colas”, no deben ponerlas al alcance de una anguila, pues podrían recibir un “corrientazo” de alto voltaje. Los negocios turbios de algunos políticos dan lugar a “cadenas” de comentarios en las redes sociales de Internet. Los venenosos sapos amarillos suelen “aposentarse” en ese mundo cibernético, donde reina la irresponsabilidad.

Los negocios sucios de nuestros políticos abarcan muchas áreas de la economía. Algunos se dedican al “tráfico de influencias”; ayudan conseguir contratos de trabajo con el Estado; otros prefieren sobre valuar contratos de obras gubernamentales y recibir “compensaciones” de las empresas que las ejecutan. Las compras y contrataciones del gobierno son muchísimas y además, no paran nunca; los llamados “suministros del Estado” constituyen un “renglón” de negocios apetitoso para los políticos “en autoridad”. Facilitar el cobro de deudas es otro campo de negocios.

Montones de sapos y de anguilas están dedicados a explorar el ejercicio concreto de estas prácticas de comercio para vender la información o utilizarla contra otros políticos adversarios. Al inaugurarse un nuevo periodo constitucional, aumenta la orina del sapo común, la toxicidad del amarillo, el voltaje de la anguila eléctrica. Estamos obligados a convivir con sapos y anguilas en plena actividad. Gracias a Dios, después de la toma de posesión, tendremos un descanso

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